Federación Española de Familias Numerosas

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Aumentan las familias en España, pero cada vez son menos numerosas

  

La reducción de la natalidad y la incorporación de la mujer al mundo laboral han condicionado el modelo clásico de familia. Los hogares españoles han duplicado sus ingresos en los últimos veinte años, pero aun así los gastos los desbordan.

Familias más largas y estrechas: varias generaciones en el hogar, pero con un número reducido de individuos de cada una. Esta proposición resume a modo de titular la situación actual de la familia española, marcada cada vez más por un ideario más liberal ejemplificado en la figura de la mujer y condicionada por una coyuntura económica en recesión que la lastra hasta límites extremos. Fuente: La Razón.

La familia es la institución que enlaza a la persona con la sociedad y viceversa. De este modo, los grandes cambios acaecidos en la sociedad en los últimos tiempos se han visto claramente reflejados en la familia, como si se tratase ésta de un espejo de la realidad, de una maqueta a escala.

En España, la debilitación del núcleo familiar, que poco a poco ha tendido a equipararse con situaciones familiares de otros países del norte de Europa, se ha producido a un ritmo pausado. El proceso de evolución y transformación de la institución familiar ha sido lento.

El cajón de las estadísticas muestra el aumento (en cifras absolutas) del número de hogares en España, que en la actualidad supera los 16 millones. Esta situación va acompañada del hecho de que el número de miembros por hogar disminuya de manera alarmante en el último cuarto de siglo: de 3,5 miembros a 2,74.

Esta ecuación tiene como resultado, según patrones de media aritmética, la convivencia en la misma residencia de dos cónyuges, un hijo y en algunos casos la presencia de un segundo hijo o abuelo: familias largas y estrechas.

Si ahondamos más aún en esta distribución de los hogares, podemos constatar que el 40% de los hogares carece de hijos. Pero la cifra más preocupante y que resulta una tendencia al alza es que la mitad de esos hogares son parejas en edad de procrear pero sin hijos.

Las familias numerosas se están viendo afectadas por estas nuevas direcciones que están siguiendo los hogares, al haber pasado en 30 años de significar el 29,1% de hogares al 7,3%.

Maternidad tardía

La escasez de ayudas a la familia y, de manera acusada en los últimos años, la crisis, han influido de manera notoria en este apartado, que ha desembocado en importantes cambios sociales. El principal de ellos ha sido una reducción de la natalidad (1,2 hijos por familia en este momento) que no reemplaza a la generación anterior. Este descenso del linaje ha estado influido por una edad de matrimonio mayor que se ha incrementado un lustro en los últimos dieciséis años.

Las dificultades de acceso a una vivienda en propiedad, el problema del desempleo –que afecta al 20% de la población y que repercute en escasez de contratos laborales estables– y el amparo sin límites de edad que brindan los progenitores españoles a sus descendientes está retrasando la edad de primeras nupcias. De hecho, la decisión de pasar por el altar o por el juzgado no se suele tomar hasta la que los contrayentes superan la treintena. Las 33 primaveras de media en el hombre y las 30,7 de la mujer así lo atestiguan.

La figura de la mujer ha sido la que ha experimentado el mayor cambio dentro de la institución familiar. Su nuevo rol, que implica la participación en la vida política, social y cultural dentro de la sociedad, ha derrocado a la familia patriarcal. Ahora se promulga la igualdad entre los poderes paterno y materno en el seno del hogar.

El ejemplo más clarividente de los cambios en el mundo femenino se observa en su incorporación al trabajo. La tasa de actividad de la mujer se ha incrementado un 12,8% en la última década, triplicando el porcentaje de crecimiento europeo (4,2%). A pesar de ello, las cifras de España reflejan un importante retraso respecto a las tasas que presentan países del norte de Europa como Dinamarca y Suecia.

Los abuelos «niñera»

Esta inmersión laboral de la mujer ha incidido de manera notoria en la organización familiar. Al pasar la madre más tiempo fuera de casa, el cuidado de los hijos se ha visto seriamente afectado, ya que antes recaía directamente sobre su responsabilidad. Ahora las familias han tenido que recurrir a vías alternativas como utilizar a los abuelos de «niñeras» y, en algunos casos, a poner medios para evitar tener hijos ante la imposibilidad de poder hacerse cargo de ellos. De este modo, se vuelve a poner de manifiesto una estructura familiar larga y estrecha.

La faceta trabajadora de la mujer se ha traducido en importantes consecuencias monetarias para las familias. Hasta hace algunos años era habitual que fuese sólo el hombre el único que contribuyese a la economía familiar, pero con la ayuda actual de la mujer, las cuentas de los hogares españoles han multiplicado sus ingresos... siempre que consigan trabajar los dos. Las cifras dicen que los ingresos familiares se han duplicado en las dos últimas décadas, alcanzando en el año 2010 los 25.732 euros. No obstante, a pesar de que los ingresos fueron in crescendo, las cuentas bancarias de los hogares han marcado con mucha frecuencia números rojos. El aumento del poder adquisitivo familiar ha traído de su mano precios desorbitados que han dejado mutiladas muchas economías familiares.

Especialmente gravosas resultan las hipotecas en España: la vivienda se lleva buena parte del presupuesto familiar.

Los gastos anuales se han disparado hasta los 31.953 euros por hogar, cifra no asequible para el 30,4% de las familias, que admite pasar ciertos apuros para llegar a fin de mes.

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